Necesitaba el Atleti un partido como este coger aire, sosegar el alma y espantar todo tipo de fantasmas (también alguno de carne y hueso), después de las últimas 72 horas vividas. La resaca de todo lo sucedido en La Coruña, con el consabido susto de Torres incluido planeaba sobre el ambiente en la previa del partido, aunque no tardó en disiparse con el tempranero gol de Griezmann tras una contra mortal liderada por Koke. Fue en el minuto 9. El de Fernando. El equipo había salido a morder desde el saque inicial y rápidamente acogotó al Valencia en su área. Fue un inicio eléctrico, vertiginoso y directo. Con Koke haciendo daño entre líneas, con Gabi y Saúl barriendo y recuperando todo lo que se perdía en la medular y con los laterales llegando una y otra vez a línea de fondo. No sería justo reconocer que el Valencia facilitó mucho las cosas. Visto lo visto ayer, si está donde está es por méritos propios. No acerté a contabilizar más de dos disparos inocentes en 90 minutos.

El partido siguió transcurriendo por los mismos derroteros tras el descanso y nada más comenzar la segunda parte, una diagonal de Filipe terminó con una asistencia a Gameiro, que fusiló desde fuera del área. A partir de ahí, el Atleti buscó la goleada, sin embargo, o se fallaba el último pase o se fallaba en el remate. Griezmann tuvo tres mano a mano que no supo resolver, antes de certificar el tercero. Un gol de pillo cazando un balón suelto y anticipándose a toda la ¿defensa? del Valencia. Por fin un partido plácido después de los sobresaltos vividos. Y algo fundamental: por fin la portería a cero después de muchos partidos. Se necesitaba.
Y ahora seis días para preparar el siguiente partido ante un Granada que se juega la vida, para recuperarse, para curar heridas, para unirse todos más en torno al guía espiritual y para terminar de llenar bien los pulmones… de aire.
