Contracrónica: «Ya queda menos»

Atleti Real Sociedad

El partido de anoche ante la Real Sociedad puede extrapolarse a lo que ha sido la temporada liguera del Atleti desde que empezó allá por el lejano mes de septiembre. Un primer tiempo arrollador que se llevó por delante a su rival, que le venían por todos lados, y un segundo tiempo cuyos en el que los rojiblancos controlaron el ritmo de juego sin pasar apuros hasta el minuto 75, con varias ocasiones para matar el partido, antes de pasar una agonía durante los últimos 15 minutos. Lo dicho, un reflejo de la Liga: una primera vuelta impresionante de juego y resultados, un momento meseta y la angustia de las últimas semanas que tan largas se están haciendo.




Cuando sonó el pitido inicial, aquello se convirtió en un vendaval rojiblanco. Los del Cholo salieron como los jinetes de Rohan hacia el abismo de Helm. Sin la intención de hacer prisioneros. Al minuto 4, Suárez mandaba incomprensiblemente fuera la primera. No sería la última. Poco después, era Llorente el que aún más incomprensiblemente perdonaba el 1-0 cuando tenía al propio Suárez a su lado para marcar a puerta vacía. A la tercera fue la vencida. Carrasco hacía bueno un mal control previo, reaccionando rápido con la puntera para sorprender a toda la defensa visitante. El partido comenzaba a encarrilarse.

El Atleti siguió a lo suyo, en busca del segundo, que llegaría poco después en una de las innumerables recuperaciones en campo rival. El balón le caía a Suárez que asistiría a Correa para hacer el segundo. Hablando de Correa, el partido que hizo fue descomunal. No solamente por el gol, sino por la cantidad de balones que recuperó, especialmente en la salida de balón de los realistas. No paró de correr arriba y abajo y de sacrificarse. Solamente le faltó culminar una de las dos asistencias que no acertó a dirigir correctamente hacia Suárez, que esperaba relamiéndose para marcar. Y hablando de Suárez, también hizo un gran partido, pero en la segunda parte también falló dos clarísimas de las que no suele fallar. Los remates y los últimos pases siempre tenían una fracción de segundo de precipitación que los convertían en fallidos. La ansiedad hacía de las suyas.

De repente, a partir del minuto 79 todo se vino abajo. Bien es cierto que la Real tuvo antes de ese minuto dos oportunidades desbaratadas magistralmente por Oblak una vez más, pero fueron más bien un oasis en medio del desierto. Sin embargo, a partir de ese minuto 79 en el que el poste y Savic desbarataron la mejor ocasión donostiarra hasta entonces el Atleti empezó a acusar el enorme esfuerzo físico. Para colmo, llegaría el 2-1 poco después en un córner en el que la defensa estuvo contemplativa. El miedo y el vértigo harían el resto. Los cambios habían empeorado al equipo. Ni Joao ni Kondogbia hicieron nada de lo que tendrían que haber hecho para dar algo de oxígeno. Un partido para haber goleado se convertía en un suplicio durante esos últimos minutos de angustia. Un reflejo de este final de Liga. Solamente Koke, que cumplía su partido 500 con el Atlético de Madrid, era el único capaz de hacer salir al equipo de la cueva y a fe que lo consiguió. Hizo de Koke y de Gabi, culminando uno de los mejores partidos que se le recuerdan como rojiblanco.




Los segundos fueron pasando lentamente entre saque y saque de Oblak que retenía el balón casi al límite de la amarilla hasta que llegó el ansiado pitido final y Simeone se iba como una exhalación hacia el vestuario igual de liberado que todos nosotros. La orilla está cerca, pero es mejor no mirarla. No mirar más allá del domingo contra Osasuna. Un paso más. Ya queda menos.

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