Contracrónica: «Factores diferenciales»

Alavés Atlético

Empezó el tan ansiado 2021 y, en lo que a lo futbolístico se refiere, lo hizo de la misma forma que acabó el 2020, con el Atleti de sacando los 3 puntos de Mendizorroza y en lo más alto de la clasificación.

La previa del partido arrancaba con un césped completamente nevado en la víspera y con los operarios del Alavés trabajando a destajo para que quedara en las perfectas condiciones en las que quedó el día y la hora del partido. Los deseos mal disimulados de algunos de que fuera imposible disputarlo y que así el rival de Concha Espina acabara líder con 3 partidos más se esfumaron cuando el club vitoriano publicó en sus redes sociales el resultado de su gran trabajo, dejando el césped en óptimas condiciones para que el partido se pudiera celebrar sin mayor problema.

Comenzado el encuentro, el Alavés hizo todo lo que había que hacer para complicar todo lo posible el partido a los de amarillo fosforito, ayer. Juntó líneas, cerró espacios y puso en práctica todas las premisas del manual que en otras temporadas tanto éxito han dado a la hora de enfrentarse al Atleti. Sin embargo, en esas otras temporadas en las que los colchoneros se hubieran dejado puntos sí o sí en partidos como este, carecían de algo tan importante como de un 9 de la dimensión de Luis Suárez, fundamental en los 2 goles de su equipo. En el primero arrancó con el balón y condujo la contra para que Llorente culminara la jugada en una arrancada fulgurante de 35 metros con el balón cosido al piel y con algo de fortuna en el remate. Un gran contragolpe en el que no debe pasar inadvertido cómo, después de asistir a Llorente, Luis Suárez arrastra a toda la defensa con un movimiento en diagonal que deja todo el espacio para que Marcos arme el disparo y finalice. Hasta entonces la primera parte había sido una lucha constante en la que el Alavés se afanó todo lo posible en igualar la intensidad de su rival con la permisividad arbitral, ejemplificada en las constantes faltas no pitadas sobre Carrasco, que a su vez vio la amarilla en un lance en el cual la simulación del rival fue clave para que Munuera picara.

En la segunda parte, el Atleti siguió apretando en busca del 0-2 que estuvo sucesivamente en las botas de Suárez en 2 ocasiones y en una falta lanzada por Lemar. Dominaban pero no sentenciaban. Parecía que todo iba a ser más sencillo tras la expulsión de Laguardia, que Munuera tuvo que certificar después de que le avisaran desde el VAR para qu fuera a revisar la jugada. No obstante, tras la expulsión, los del Cholo se desdibujaron y el Alavés empezó a apretar. Un cabezazo desbaratado entre el palo y Oblak, precedió a la jugada desgraciada del empate, mal medida por Felipe en el arranque y en la finalización, con un descomunal remate de fuego amigo que se coló por la escuadra de Oblak, tras dar en el palo, cuando solamente quedaban 5 minutos para el 90.

Todo hacía indicar que se iban a escapar 2 puntos de la misma manera que se han escapado tantas otras veces: por no matar los partidos. Pero es que todas esas veces, no había un tipo como Luis Suárez en el área, ni el equipo tenía la confianza que tiene en este momento. Sin ponerse nervioso, como el propio Simeone dijo en rueda de prensa, todo el equipo toco a rebato y se fueron como posesos hacia campo rival. En el 90, una fulgurante combinación entre Lodi, Lemar, Saúl y Joao Félix, fue culminada por el propio Suárez al segundo palo, que tan pronto vio que Saúl recibía el balón y antes de que éste se lo diera a Joao, supo perfectamente donde iba a acabar la jugada y allí que fue para rematar a puerta vacía y otorgar a su equipo 3 puntos de esos que saben a gloria y que allá por el mes de mayo valen su peso en oro. Miren si sabían a gloria que Simeone se quedó en el césped para felicitar uno por uno a sus futbolistas mientras se retiraban al vestuario. Un gesto que habla por sí solo.

Victoria de equipo grande, con maneras de equipo grande y en uno de esos campos que a la hora de la verdad marcan la diferencia entre los equipos campeones y los que no lo son. Algo tan aparentemente simple como tener un 9 del calibre de Luis Suárez también es un factor diferencial esencial.

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