Contracrónica: «Un día más en la oficina»

Atlético Valladolid

Tras una primera parte intensa, pero sin mucho ritmo a partir de tres cuartos de cancha y en la que las rotaciones de jugadores determinantes se notó demasiado. El Atlético volvió a ser el Atlético al que estamos acostumbrados esta temporada justo después de enfilar el descenso de las escaleras que comunican los vestuarios con el césped del Metropolitano. Con la sola entrada de Marcos Llorente, los rojiblancos encarrilaron un partido más. Todos tenemos claro que si estuviera en otro equipo (ese equipo), tendría todos los focos de la atención mediática sobre sí. No hay muchos jugadores en el panorama futbolístico que tengan la trascendencia que él tiene en estos momentos. La capacidad de influir y cambiar el desarrollo de un partido, su potencia física y también su calidad técnica, como el balón milimétrico que puso a la espalda de Valladolid entera para que Trippier avanzara por un puñal por la banda derecha  para asistir al que atacara el área por allí.

No fue Suárez que le faltó siempre un punto de chispa durante todo el partido, pero sí Lemar, siguiendo la jugada al segundo palo y cruzando casi sin ángulo con un toque exquisito y nada fácil. El francés volvió a cuajar un buen partido y se nota que su confianza va a más. En sus últimos 40 partidos no había marcado ni asistido. Anoche hizo el 1-0 y poco a poco está dando la razón a la fe de Simeone en él. Incluso no es nada atrevido decir que ha sido el único que la ha tenido. Una vez más Simeone. Ese triturador de la carrera futbolística de tantos, según algunos. El propio Llorente y su transformación serían el claro ejemplo de esa fe inquebrantable del argentino en sus jugadores. Nadie, excepto él, vio que el verdadero sitio del jugador estaba arriba, cerca de la portería rival. Hoy es un excepcional llegador, con un instinto goleador de primer nivel y una capacidad de sacrificio difícil de igualar al que aún no se le adivina el techo. Además se entiende a las mil maravillas con Trippier, con quien se alió de nuevo para hacer el segundo gol. Una contra rapidísima a 3 toques entre el balón largo de Oblak para que Trippier peinara al espacio marcado por la carrera imparable de Llorente hacia la portería con el claro objetivo de fusilar el 2-0. Ahí se acabó el partido.

El resto fue un tranquilo transcurrir de los minutos con el único propósito de acabar sin lesiones ni sobresaltos, con la mente puesta en Salzburgo, donde el Atleti se juega buena parte de la temporada.

No sabemos lo que pasará el miércoles, pero ver lo que estamos viendo cada 3 días, en un calendario infernal, invita, al menos, a la tranquilidad y a la confianza. De momento, hoy dormimos líderes, aunque leyendo las portadas de los periódicos, cualquiera lo diría.

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