Contracrónica: “Losas y orgullo”

Es curioso cómo el quitarse losas de encima hace que la vida fluya con mucha más facilidad. No voy a decir que jugar sin la presión de estar luchando por una opción real de título sea lo mejor, porque no lo es, pero lo cierto es que de un mes a esta parte es cuando más nos estamos divirtiendo con el Atleti. Han tenido que transcurrir tres cuartas partes de la temporada y dejar por el camino las opciones de Copa, Champions y (casi) Liga para que el equipo se haya quitado varias toneladas de la mochila y haya vuelto a transmitir aquello que tanto hemos echado de menos desde septiembre hasta que hemos entrado en abril. Esa liberación ha devuelto a la plantilla esa fe ciega en lo que hace y ha resucitado ese aura amateur tan característica con Simeone y que tantas alegrías ha dado. Es innegable que los palos recientes han provocado un click en muchas cabezas y lo que antes eran dudas de compromiso, juego y carácter, ahora se han transformado en todo lo contrario, hasta el punto de que independientemente de lo que pase a partir de junio con la plantilla, todos reman en la misma dirección. Atrás quedan las recurrentes cuestiones sobre el estilo de juego en relación con la calidad individual de la plantilla, la exigencia real que debe recaer sobre este equipo, la final de Champions en tu estadio y tantas y tantas lecciones que los catedráticos de la verdad única han transmitido desde sus estrados.

El partido ante el Valencia ha sido un resumen perfecto de todo lo dicho más arriba. Venía al Metropolitano un equipo en franca línea ascendente desde mitad de temporada hacia acá, jugándose entrar en puestos de Champions y con la autoestima por las nubes estando ya en la final de Copa y a un paso de disputar la de la Europa League. Pues en los 30 primeros minutos del partido el Atleti borró a su rival del césped, que bastante tenía con pasar de campo propio. Nada más echar a rodar el balón Lemar ya dejó claras sus intenciones haciendo un lío a Wass por la banda izquierda y metiendo dos balones al corazón del área que no fueron cazados por muy poco. No hubo que esperar mucho, para que otra jugada fantásticamente conducida por Lemar, abriendo al espacio hacia la subida de un descomunal Juanfran (una vez más), fuera, esta vez sí, cazada por Morata al segundo palo para hacer el primero. A partir de ahí, el Atleti no bajó el ritmo y siguió avasallando a los visitantes. Tan superiores se vieron que dos pérdidas tontas en la salida de balón metieron al Valencia en el partido. En la primera no culminaron, pero en la segunda Santi Mina se desembarazó de los centrales para ceder a Gameiro, que fusiló sin piedad. Fueron los peores minutos del Atleti, penalizado por creerse demasiado superior. Los minutos que restaban hacia el descanso sirvieron para que el Valencia creciera y pasaran a dominar.

La segunda parte empezó igual que la primera. El Atleti volvió a su ser y volvió a encerrar al Valencia en su área, hasta que a los 7 minutos del reinicio una relampagueante jugada entre Griezmann, Morata y Lemar, fue rematada magistralmente por Antoine, culminando un centro de seda de un inspiradísimo Lemar, que por fin fue el jugador que el Cholo reclamaba: determinante en ataque y aplicado y eficaz en el repliegue. Sin duda, su mejor partido de rojiblanco hasta ahora. Esperemos que no sea flor de un día.

Los colchoneros siguieron dominando el ritmo y los tiempos del partido. Al Valencia le costaba llegar a zonas de peligro. Quería y no podía. Y llegó el minuto 75. Una de las pocas jugadas trenzadas por los valencianistas terminó en un remate que pegó en el brazo de Saúl. Un brazo que no ocupaba ningún espacio antinatural, como supuestamente no ocupaban tampoco los de Vidal o Casemiro, solo que esta vez sí fue penalti tras observar el propio árbitro principal la jugada en el monitor a pie de campo. Parejo convertía el 2-2 a pesar de la gran estirada de Oblak que llegó a rozar el fuerte y ajustadísimo disparo del centrocampista visitante.

Sin embargo, decía que este Atleti es otro al del resto de la temporada. Este Atleti vuelve a tener el hambre y la fe necesarias para luchar contra todo. El hambre y la fe suficientes para que Thomas peleara un balón aparentemente intrascendente en el medio campo cuando parecía que lo tenía perdido y ver por delante, con el rabillo del ojo, a Correa que se fue como una flecha hacia la portería y soltó un latigazo seco y con rosca que se coló a la velocidad del sonido junto al palo izquierdo de Neto, que solo pudo admirar la genialidad del argentino. Y todos estallaron a una otra vez. El Cholo, los jugadores y el estadio entero bajo una lluvia incesante y purificadora. Como aquella del Calderón en mayo de 2017, aunque esta vez la batalla no tenía el fuste de aquélla. Daba igual. El orgullo y el amor propio están por encima del rival, la competición en la que te encuentres o lo que te estés jugando. El orgullo y el amor propio se tienen o no se tienen…

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