Contracrónica: «Sencillez»

Está claro que cuando más complicado está todo y más te cuestan las cosas lo mejor es hacer las cosas lo más sencillas y básicas posibles. El Atleti venía de una dolorosa derrota en Barcelona, no por no dar la cara y echarle personalidad, sino por lo que todos ya sabemos de sobra. Eso le dejó a 10 puntos de la cabeza que se podían reducir a 8 si se ganaba a un Celta que se está jugando la vida.

A todas las dificultades existentes había que añadir las secuelas que dejó el Camp Nou: Giménez sancionado, Godín lesionado, Thomas sancionado, lo de Costa ya sabemos y también sin Savic, baja de última hora. Ante la carencia total de centrales, el Cholo sorprendió colocando a Toni Moya junto a Montero, en vez de recurrir a Saúl o a Nehuen Pérez. Sin duda la posibilidad de utilizar a Saúl en una demarcación de más trascendencia en el juego de ataque y la falta de rodaje de Nehuen en la dinámica del equipo hicieron que Simeone se decidiera por colocar a Moya junto a un central natural como Montero. Los dos fueron de menos a más, especialmente cuando el especialista en hacer fácil lo imposible entró en acción. A los 20 minutos, Oblak volvió a ponerse el disfraz de extraterrestre para repeler dos remates seguidos a bocajarro. El segundo fue especialmente sobrecogedor, a menos de 5 metros de la portería. Todos los que estábamos en ese fondo nos quedamos 1 segundo en silencio para después romper en una atronadora ovación ante el que sin duda es el mejor portero de la historia del Atlético de Madrid. El que suscribe no ha visto nada igual bajo los palos propios ni ajenos en todos los años de su vida. Pocos minutos después, un disparo abajo con toda la mala leche del mundo también fue repelido por la mano izquierda del bueno de Jan. En ese momento, él solo acababa de ganar el partido, aunque aún estuviera el 0-0 en el marcador.

Los colchoneros siguieron a lo suyo. Presión alta, intención y decisión para ir adelante a por el partido. Una falta sobre Vitolo al borde del área al filo del descanso fue aprovechada por Griezmann para reventar el balón junto a la escuadra del portero.

La segunda parte fue un querer y no poder del Celta, que sin Aspas, moría una y otra vez en la frontal del área con un Atleti acechante a la contra. La sentencia llegó a falta de 15 minutos cuando Morata culminó de manera magistral una contra lanzada por Rodri y Griezmann. 2-0 y a otra cosa. Todo gracias a un portero superlativo y a dos zarpazos de los de arriba. Fácil y básico.

Un partido trampa, sin centrales, con sanciones y lesiones, era solventado con autoridad por un Atleti que sigue sin bajar los brazos en la lucha por ser segundos como mínimo. Haciendo de la insistencia y la cabezonería su mayor virtud. A seguir.

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