Paseo de los Melancólicos: «La era de Gil y Gil»

Jesús Gil y Gil llegó al Atlético el 26 de junio de 1987. Ganó las elecciones sobre Enrique Sánchez de León de la mano de Paolo Futre, su gran baza electoral, que un mes antes había ganado la Copa de Europa con el Oporto después de volver loco a todo el Bayern de Munich. El portugués fue presentado en Jácara, una conocida discoteca de la época, al más puro estilo Gil y Gil.

Los comicios, los últimos celebrados desde entonces, fueron convocados por la muerte de Vicente Calderón el 24 de marzo de ese mismo año.

La primera decisión de Gil, justo después de que el equipo perdiera la final de Copa al día siguiente ante la Real Sociedad en Zaragoza de manera injusta y padeciendo un arbitraje desastroso de Ramos Marcos, fue prescindir de Luis Aragonés tras una acalorada discusión en la que éste le llegó a zarandear de la pechera después de comunicarle que prescindía de él.

El primer entrenador de una lista interminable de entrenadores durante los años de su mandato fue César Luis Menotti. Al argentino habría que añadir a jugadores como López Ufarte, Andoni Goikoetxea, Juan Carlos, Eusebio Sacristán, Parra y Alemao, que ya había sido fichado por la anterior Junta Directiva. Un plantilla absolutamente ilusionante que, a pesar de derrotar al Madrid en el Bernabéu por 0-4, acabó desquiciada por las idas y venidas de su presidente, entre las cuales destacó lo que sería una tónica habitual: destituir al entrenador de turno. La ilusión por ver al Atleti campeón de Liga, se transformó en un tercer puesto y en una sucesión de limpias de plantilla y entrenadores durante los años venideros.

Quizá el torneo con el que más sintonía ha tenido el Atlético de la ‘era Gil’ ha sido con la Copa del Rey, sobre todo en la década de los noventa, cuando quedó campeón en tres ocasiones y perdió otras dos finales.

Cuatro años después, Gil conseguía su primer título como presidente del Atlético en una final copera ante el Mallorca que tuvo que decidirse en la prórroga con un gol de Alfredo. Esa 90-91, que empezó con Peiró en el banquillo, siguió con Tomislav Ivic y terminó con Iselín Santos Ovejero, fue una de las mejores campañas del Atlético de Gil, pues además de ganar la Copa quedó segundo en la Liga, por delante de su eterno rival, el Real Madrid, y por detrás del ‘Dream Team’ de Cruyff. Fue la temporada en la que Abel Resino estableció el record Guinness de imbatibilidad en 1.275 minutos consecutivos sin encajar un gol.

La temporada siguiente, con Luis Aragonés de nuevo en el banquillo, el Atlético se llevó otra vez la Copa del Rey, y esta vez con un sabor especial. La victoria se produjo sobre el Real Madrid y nada menos que en el Santiago Bernabéu. Dos golazos de Futre y Schuster dieron el trofeo al Atlético, que vivía sin duda los mejores momentos desde que Gil era presidente, pues en la Liga fue tercero a sólo dos puntos del campeón, el Barcelona, y pudo haber sido campeón de haber ganado al Madrid a tres jornadas del final de Liga en Concha Espina. Dos veces se adelantaron los rojiblancos, que finalmente perderían 3-2 en un partido con varias jugadas polémicas que el árbitro Urío Velázquez decantó del lado de los locales.

A finales de 1991, Gil seguía con su plan trazado para hacerse con el club. Convocó a una Junta de Accionistas Extraordinaria. A dicha junta, acudieron 162 socios, y en ella se aprobaron los presupuestos de los años anteriores por unanimidad. El resultado: 4.000 millones de pesetas de deuda (Gil había cogido el club en el 87 con 1.900). Pero a esa deuda, además había que añadir 2.000 millones que Gil aseguraba que le adeudaba el club a su persona. Gil propuso a los socios canjear dicha deuda por acciones, convirtiendo así el club en sociedad anónima. El club partiría con un capital social de 1.400 millones, cantidad que después sería ampliada a 3.400, siento estos 2.000 millones los que Gil canjearía por acciones, asegurándose de este modo ser el accionista mayoritario. De esta manera conseguía saldar la deuda de 2.000 millones de pesetas, evitando así el descenso administrativo del club y efectuándose la conversión definitiva del club en sociedad anónima deportiva con Gil como accionista mayoritario. La deuda se saldó mediante los avales concedidos por Banesto, pero días después, Gil retiraba los avales, siendo este un hecho probado en la sentencia del llamado Caso Atlético de Madrid (2003), en la cual se inhabilita a Gil por un delito de apropiación indebida.

Como ya era conocido, Jesús Gil tenía el propósito fundamental de dar el salto a la vida política. Lo consiguió el 26 de Mayo de 1991, día en que gana las elecciones municipales de Marbella y se hace con la alcaldía. Su partido político, el G.I.L (Grupo Independiente Liberal) se alzó con la mayoría absoluta en el municipio malacitano. Ese mismo verano, Gil firmó con Valerio Lazarov (Director General de Tele 5) un contrato para presentar un programa de entretenimiento que se rodaría en Marbella (“Las noches de tal y tal”). Como acompañante, Gil contaba con la participación de la actriz venezolana Jeanette Rodríguez. Todo el mundo guarda en la memoria aquellas vergonzantes escenas de Gil en un jacuzzi rodeado de compañía femenina.

Además de todo esto, Jesús Gil disolvió la sección de balonmano, así como la cantera del club, propiciando que un jugador de la talla de Raúl González se marchase al Real Madrid y se convirtiese en el jugador referencia del máximo rival durante una década, siendo pieza decisiva para seguir engordando la sala de trofeos de Concha Espina. El saldo negativo generado en el club por pleitos por despidos improcedentes, ya ascendía a la cantidad de 700 millones de pesetas.

Después de esas dos campañas, el Atlético entró en depresión y aunque en la 92-93 salvó los muebles entrando en Europa (fue sexto en Liga), en las dos siguientes campañas rozó el descenso en lo que fueron las dos peores temporadas del club en mucho tiempo. Al rescate llegó Radomir Antic y una serie de refuerzos que además de ganar la Liga dio la tercera Copa del Rey (95-96) a Gil en la Romareda, con un gol de Pantic al Barcelona en la prórroga. Fueron los mejores momentos de la ‘era Gil’, culminados por un desfile al más puro estilo Gil por las calles de Madrid, un día después de ganar la Liga en el Calderón ante el Albacete. Desgraciadamente, aquello fue un oasis en el desierto.

En 1987, el Atlético era el tercer equipo de España y además no estaba tan lejos del segundo, el Barcelona. No sólo era una sensación generalizada, sino que así lo decían los datos. Era tercero en la clasificación histórica de la Liga y contaba con ocho títulos de Liga, por diez del Barça. Pero no solamente se alejó del Barcelona. En esa época al Atleti le superaron equipos como el Valencia y el Athletic en la clasificación histórica de la Liga.

A ello hay que añadir 14 años sin ganar un título (entre 1996 y 2010), lo que supone la peor racha de la historia junto a la que sucedió entre 1929 y 1940. Otro dato negativo histórico son las siete temporadas consecutivas sin jugar en Europa que llevan los colchoneros, desde la 1999-2000. Hasta entonces, los rojiblancos sólo habían estado nueve campañas fuera de competiciones europeas y sólo en un par de ocasiones estuvieron dos temporadas consecutivas (59-60, 60-61, 94-95 y 95-96).

En Europa tampoco fueron muy bien las cosas. El Atleti había jugado su última final europea en 1986, dos temporadas antes de que Gil se hiciera cargo del equipo. Desde esa final de la Recopa que perdió ante el gran Dínamo de Kiev de los 80, el Atlético cuenta con dos semifinales de la Copa de la UEFA (97-98 y 98-99) y unos cuartos de final de la Liga de Campeones (96-97) como sus mejores resultados en Europa. Mientras, hasta ocho equipos españoles han conseguido jugar una final europea: Real Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Mallorca, Alavés, Sevilla y Espanyol.

La lista se extiende si se mira los equipos que han jugado la Liga de Campeones desde la temporada 99-2000, a partir de la cual la disputan los cuatro primeros clasificados de la Liga. Hasta doce equipos españoles (entre ellos no estuvo el Atleti hasta 2008) se clasificaron para jugar la Champions o al menos la previa en este período: Barcelona, Real Madrid, Mallorca, Valencia, Celta, Deportivo, Athletic, Real Sociedad, Betis, Villarreal, Osasuna y Sevilla.

El desastre absoluto se consumó en Oviedo, en la antepenúltima jornada de la temporada 1999-2000, y después de que Hasselbaink fallara un penalti que habría dado la victoria. El Atleti, que no jugaba en Segunda desde la temporada 1933-34, finalizaba de esta forma una campaña para olvidar. Un año que empezó prometiendo, con jugadores como Kiko, Hasselbaink, Molina, Solari, Baraja, Valerón… y acabó siendo una pesadilla. Esa misma temporada también vio a un Atlético finalista de la Copa del Rey. Fue en Valencia y ante el Espanyol. Una ‘pillería’ de Tamudo, que le robó el balón al meta Toni de forma infantil, adelantó al Espanyol y fue el principio del fin del Atlético en la final. El 2-1 con el que terminó el encuentro cerraba una temporada negra para los colchoneros. Desde ese 28 de mayo de 2000, hasta el 9 de mayo de 2010 en Hamburgo el Atlético tampoco sabría lo que era jugar una final.

El comienzo de la temporada fue un anticipo de lo que sucedería después. Así, en las cuatro primeras jornadas, el Atlético consiguió un punto. Los de Ranieri alternaron victorias y derrotas hasta que en la décima jornada vencieron al eterno rival en el Santiago Bernabéu, en la que fue, durante 14 años, la última victoria colchonera sobre el Madrid.

Parecía que ese resultado podía ser un punto de inflexión, pero el Atleti volvió a las andadas. Así, después coquetear con el descenso durante media Liga, cayó en esos puestos en la jornada 27 para no volver a salir de ellos. Tras vencer en la vigésimo segunda jornada en Balaídos, se encadenaron quince partidos consecutivos sin ganar. Cuando volvió a hacerlo, en la última jornada del campeonato, ya era equipo de Segunda.

En 1999, Jesús Gil ingresó en prisión, al ser imputado por delitos de malversación de caudales públicos y falsedad en documento público. En octubre de 2000 fue condenado a 28 años de inhabilitación y seis meses de arresto por cuatro delitos de prevaricación —por lo que se vería obligado a abandonar la Alcaldía de Marbella— relativos al «Caso Camisetas», y por el desvío de 450 millones de pesetas del ayuntamiento marbellí al Club Atlético de Madrid.

Jesús Gil estuvo en prisión preventiva la semana del 16 de abril de 2002, por la malversación de 4.442 millones de pesetas del Ayuntamiento de Marbella acometida entre los años 1991 y 1995.

El 11 de abril de 2000 el juez Juan del Olmo levantó la administración judicial y Jesús Gil volvió a hacerse cargo del club si bien el magistrado mantuvo un interventor, Luis Romasanta, quien debía autorizar todos los movimientos del Atlético. El club aún estuvo cuatro años bajo una intervención judicial que acabó el 15 de julio de 2004.

En esos cuatro años, aún habría para más. La Audiencia Nacional condenó a Jesús Gil, Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil Marín a devolver las acciones del Atlético de Madrid en virtud de la comisión de los delitos de estafa y apropiación indebida. Los acusados recurrieron al Tribunal Supremo que, en sentencia de 4 de junio de 2004, reconoció la culpabilidad de los tres, manteniendo las penas de prisión, pero desestimando la petición de la Fiscalía para que devolvieran las acciones, al entender que los delitos habían prescrito.

Miguel Ángel Gil Marín fue condenado por simulación de contratos y, dado que su padre había fallecido, debía ser él, y el resto de herederos, quienes hicieran frente a la deuda de 2.700 millones de pesetas (unos 16 millones de euros) de Jesús Gil con el Atlético por el ‘caso Negritos’. El fiscal del caso, Carlos Castresana, contó años después en Radio Marca que “no había interés en que se investigase la transformación del Atlético de Madrid”. Además dijo que “La gestión de la familia Gil puede resumirse en un saqueo sistemático. desviaron dinero del Atlético a sus empresas familiares. Los Gil sacaron 11.000 millones a paraísos fiscales con la venta de jugadores. Jesús Gil y Enrique Cerezo jamás invirtieron una sola peseta en el Atlético de Madrid, frente a 3.000 accionistas que sí desembolsaron el precio de sus acciones“. 

Castresana señaló además el error fatal del accionariado atlético. De haberse personado esos accionistas en el caso como acusación particular, el club “hubiera salido a subasta“. Por último dejó una valoración sobre la decisión del Tribunal Supremo. Yo no hubiera considerado prescrito el delito de apropiación indebida por la naturaleza y el importe del mismo“.El 27 de mayo de 2003, Gil y Gil presentó su dimisión como presidente del Atlético de Madrid, sustituyéndole en el cargo Enrique Cerezo.

El 9 de mayo de 2004 le sobrevino una trombosis cerebral mientras se encontraba en su finca de Valdeolivas; falleció en Madrid el 14 de mayo, a consecuencia de un paro cardíaco consecuencia de dicho fallo cerebral. Su velatorio se produjo en el Estadio Vicente Calderón al que acudieron más de 15.000 personas. Se encuentra enterrado en el panteón familiar del cementerio de la Almudena.

Después de su muerte, en 2004, el Tribunal Supremo lo declaró absuelto por prescripción del delito del Caso Atlético, acusado por la Audiencia Nacional de apropiación indebida del Club Atlético de Madrid.​ En la misma sentencia lo declaró culpable de estafa al club por simulación de contratos, aunque su condena quedó extinguida por fallecimiento. Finalizaba pues la época más negra en la historia del Atlético de Madrid. Período en el que llegó a coquetear con la desaparición y que terminó con una degradación deportiva, económica e institucional totalmente impropia de su grandeza. Degradación en la que aún seguiríamos instalados de no ser por Diego Pablo Simeone. Pero eso nos ocupará en otro momento. Todo a su tiempo.

 

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