Contracrónica: «Un nuevo pulso al destino»

Vayamos por partes. Cierto que el Atleti hizo un mal partido. Plano, sin chispa y, lo más importante, sin gol. Hace un año contábamos los días para que el mes de enero llegara a nuestras vidas, y, con él Diego Costa para solucionar una alarmante falta de gol que llevó finalmente a la eliminación en Champions, incapaces, por ejemplo, de hacerle más de un gol al Qarabag. Hoy, un año después, nos volvemos a ver sin Diego Costa, como mínimo hasta febrero por lesión, y aunque su participación hasta ahora no había sido muy prolífica en goles, el equipo juega a otra cosa totalmente distinta cuando él está. Es innegable que el panorama que hay alrededor en su ausencia no es muy alentador si uno piensa en que gente como Gelson o Kalinic puedan ser capaces de sostener el ataque del equipo durante estos dos meses. El primero anoche no dio una. Nada más empezar gozó de dos oportunidades clarísimas gracias a dos arrancadas primorosas de Saúl por el carril izquierdo. En la primera llegó, pero incomprensiblemente no remató, como cuando de pequeños cerrábamos los ojos por miedo al balonazo. En la segunda, volvió a llegar pero pasado de frenada y el balón se le quedó atrás. Dos excelentes balones puestos por Saúl para rematar a placer totalmente desperdiciados en los primeros 20 minutos de partido, los mejores de los (esta vez sí) rojiblancos.

Antes Thomas también tuvo una muy clara, que remató al centro de la portería, y Griezmann hizo lucirse al portero local en un gran disparo desde el pico del área a la escuadra contraria. Hasta ahí llegó el peligro del francés en todo el partido, y si me apuran, de todo el equipo. El intento de Simeone de agitar el equipo en la segunda parte con la entrada conjunta de Vitolo y Correa no aclaró el ataque. El argentino hoy por hoy es el jugador más desequilibrante del equipo, pero no esta vez no consiguió desatascar el ataque, aunque no paró de intentarlo. El canario sigue dejando sensaciones contradictorias y su ejercicio fue totalmente intrascendente, como lo fue el de Kalinic, tras su entrada en el campo minutos después. Descolocado, lento, frío y apático, el croata despierta cada vez más dudas, a pesar de sus goles recientes… Todo lo contrario que Oblak, para el que los momentos críticos de la vida siempre son relativos. Una parada suya volvió a salvar un partido cuando más volcado estaba el equipo buscando el gol que al final se resistió.

Aún así, creo que todos hubiéramos dado un brazo hace exactamente un año tras el partido en Stamford Bridge por estar en la situación que estamos ahora, incluso quedando segundos de grupo (tontamente, sí, pero segundos) e incluso teniendo como posibles rivales a PSG, Juve, City o Bayern en octavos. Todos hubiéramos firmado con los ojos cerrados la situación actual. Y tampoco olvidemos que cualquiera de las superpotencias citadas están rezando desde las 11 de la pasada noche para no encontrarse con el Atlético de Madrid en el sorteo del 17 de diciembre. Pase lo que pase ese día, el invierno está por medio, y no será hasta que haya transcurrido lo más crudo de la estación cuando llegue el momento de enfrentarse a lo que el destino tenga reservado, y si hay algo a lo que este equipo no tenga miedo, es a echarle pulsos al destino… y ganarlos.

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