Bajo el madroño: “Besos de Judas”

OPINIÓN. Getsemaní, año 33 de la era cristiana. Después de La Última Cena entre Cristo y sus apóstoles, uno de sus fieles se acercó a él y le besó en la mejilla. Judas Iscariote, que así se llamaba el hombre, había delatado a su mentor frente a los guardias que lo detendrían. Jesús de Nazaret sería condenado y crucificado. Judas moriría ahorcado, preso de la culpa. Pero aquel beso quedaría en la historia como el símbolo de la traición. Algo parecido debieron sentir los hinchas del Atlético de Madrid cuando, en el día de ayer, vieron a Thibaut Courtois besar el escudo de su eterno rival. No una, ni dos, ni tres veces. Fueron cinco. Como si del belga saliera un sentimiento irrefrenable de reafirmar su identidad madridista. Su discurso, medido y preconcebido hasta el extremo, sacó a relucir las palabras que todo futbolista de la casa blanca debe repetir como si de un mantra se tratara: “he cumplido un sueño de pequeño”, decía.

Y es que la de Courtois no fue una presentación convencional. Lo suyo parecía una ceremonia de redención, de purificación por su pasado hereje. Porque ‘Tibu’, como nuestro amigo Judas, fue discípulo antes que enemigo. Durante tres años, el guardameta de Bree creció a las órdenes de Diego Pablo Simeone. Con el ‘Cholo’ pasó de ser un joven con talento a convertirse en el mejor portero del planeta. De la mano del argentino, Courtois ganó títulos y logró el cariño de la afición rojiblanca. A orillas del Manzanares, se convirtió en “Leyenda”. Hoy, su placa luce junto a la de Hugo Sánchez en el Paseo de la Infamia. No solo era ídolo por sus paradas, también por sus palabras. Courtois supo ganarse la complicidad de la gente con su cercanía y sus cánticos con la grada. Alguno, mal que le pese a Thibaut, le perseguirá eternamente. Abundaron las sonrisas, pero también las lágrimas. Lágrimas de dolor por la oportunidad perdida, por esa estirada insuficiente para desviar el cabezazo de Ramos en Lisboa.

Ayer, todo aquello parecía esfumarse de un plumazo. Como si aquel glorioso pasado jamás hubiera existido. De pronto, Courtois se decidió no solo a morder la mano que le había dado de comer. Directamente, la había devorado. Ni siquiera le invadía una sensación de rabia al contemplar aquella Copa de Europa que se esfumó a centímetros de su mano. Todo lo contrario: posaba sonriente con ella. Tampoco le sobrepasó un sentimiento de rencor cuando contempló a esa misma afición que le había tirado un mechero a la cabeza años atrás. Nada de eso. Siempre fue su deseo defenderlos. Ahora, sus enemigos eran los que siempre lo habían idolatrado. El mundo al revés, oiga.

Ni siquiera le invadía una sensación de rabia al contemplar aquella Copa de Europa que se esfumó a centímetros de su mano. Todo lo contrario: posaba sonriente con ella. El mundo al revés, oiga.

No han sido pocos los que han tratado de justificar la decisión de Courtois. Que si en el Atlético de Madrid no tenía sitio, que si quería estar cerca de sus hijos… Ciertamente, no les falta razón. En el cuadro rojiblanco, el estatus de Jan Oblak es incuestionable. En el aspecto familiar, ‘Tibu’ tendrá la oportunidad de pasar más tiempo con sus niños. Los motivos por los que se marchó solo a Londres no nos competen en este artículo, pero ustedes ya los saben. Errores de juventud, que diría el belga. Sean cuales sean las razones que hayan motivado su fichaje, ninguna puede esconder una realidad incuestionable: Thibaut Courtois quería ser jugador del Real Madrid. ¿O acaso se imaginan a ‘Tibu’ en Valencia si sus pequeños vivieran en la capital del Turia? No sean ingenuos. Courtois está donde siempre quiso estar. El resto son milongas.

Thibaut Courtois quería ser jugador del Real Madrid. ¿O acaso se imaginan a ‘Tibu’ en Valencia si sus pequeños vivieran en la capital del Turia? No sean ingenuos. Courtois está donde siempre quiso estar.

Mientras Courtois era presentado en el palco de honor del Estadio Santiago Bernabéu, otro ‘bombazo’ rondaba por la capital: el Manchester United llegaba a Madrid dispuesto a pagar la cláusula de Diego Godín. Los ‘Red Devils’ ofrecían 9 millones netos por temporada; es decir, casi el doble de lo que cobra el uruguayo en el Atleti. El ‘Faraón’, de 32 años, ni escuchaba la oferta. Igual que había sucedido con el Manchester City, el Bayern Munich o la Juventus. Una vez más, Godín volvía a dar un portazo a los cantos de sirena. En un fútbol moderno dominado por la incoherencia y el célebre dicho de “donde dije digo, digo Diego“, el capitán charrúa continúa erigiéndose como una honrosa excepción. Olvídense de Courtois. Piensen en los Godín, los Giménez, los Juanfran, los Saúl, los Koke… piensen en todos aquellos que llevan las rayas canallas de los colchones tatuadas en su piel. Piensen en los que no se dan palmaditas en el pecho ni corean los cánticos tribuneros de la grada. Piensen en los que nunca piden reconocimiento pero trabajan en silencio por llevarnos a lo más alto. Piensen en ellos, porque ellos son Atlético de Madrid. Y no hagan aprecio de los traidores. Sueñen con Tallín, que ya solo quedan cinco días. Y a los madridistas…

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