Real Madrid 0-4 Atlético de Madrid. Liga 1987/88

FOTO: colchonero.com

Cuando tienes recuerdos tan nítidos como el que tengo yo de este partido, te das cuenta de que ya tienes unos cuantos años, con el consiguiente miedo que eso da. Yo tenía 11 años y era mi primera temporada como socio abonado del Atleti y era la primera temporada de Jesús Gil y Gil que irrumpió en el club tras barrer en las elecciones posteriores al fallecimiento de don Vicente Calderón en verano de ese mismo año. Y barrió gracias a la contratación de un jugador de 20 años que se acababa de proclamar campeón de Europa con el Oporto y que era la sensación del momento. Sí, hablamos de Paulo Futre. Alrededor de él, fichó también a un equipo de campanillas que amenazaba con romper la hegemonía del Real Madrid en la Liga. Al portugués había que sumar jugadores como Alemao (fichado ese mismo verano por la anterior junta directiva), Goikoetxea, Juan Carlos, Eusebio o López Ufarte. En el banquillo se decidió prescindir de Luis Aragonés y contratar a Cesar Luis Menotti, campeón del mundo con Argentina en el 78 y un enamorado del fútbol de ataque.

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Aquel derbi llegó el 7 de noviembre, con el Real Madrid líder, seguido del Atleti a 3 puntos. Llovía a mares. El Madrid venía de eliminar al campeón de Europa saliente, tras ganar en Oporto por 1-2, gracias a Paco Llorente, uno más de los tránsfugas que decidió cambiar las orillas del Manzanares por Concha Espina. El Atleti llegaba con un bloque aún por terminar de ensamblar, pero solvente, que estaba siguiendo el ritmo de puntos de los blancos y que había ganado incluso en el Nou Camp al Barça. Menotti, aparte de ser un enamorado del fútbol de ataque, fue un adelantado a su tiempo, siendo uno de los primeros que marcaba en zona y jugaba con la defensa en adelantada en línea. “Achique de espacios” lo llamaba. Sabido es, que en aquellos años, los equipos que se le atragantaban al Madrid solían ser los que marcaban en zona, algo que desarrolló años después a la perfección Arrigo Sachi en el Milan.

Desde el principio, el Madrid no sabía cómo hincarle el diente a su rival, bien plantado, con Arteche y Goiko tirando la línea a la perfección, con Alemao y Eusebio barriendo el medio campo y con Landáburu lanzando contras hacia los tres estiletes de arriba: Futre, López Ufarte y Julio Salinas. Fue éste quien dejó olvidada su habitual torpeza con el balón en los pies, para después de un maravilloso control de tacón ante Sanchís, se quedó en un mano a mano contra Buyo y le batió por bajo. 0-1. El Madrid siguió insistiendo e insistiendo, pero siempre moría en el fuera de juego o ante los centrales rojiblancos. Poco a poco se fue desesperando hasta acabar con 10 el primer tiempo, después de la expulsión de Jankovic por insultar al árbitro.

Llegó la segunda parte y el Atleti siguió con su plan establecido en medio del aguacero sin fin. Fue a los 5 minutos cuando Futre recogió un pase de Eusebio en la frontal y tras amagar el tiro con la derecha, recortó a Chendo y tiró con la izquierda raso junto al palo. 0-2. El Madrid se desangraba, mientras que el Atleti se crecía más y más dirigido por un imperial Alemao que recuperaba y movía al equipo a partes iguales. En los últimos 15 minutos López Ufarte hizo el 0-3 y el 0-4. Los blancos se habían volcado definitivamente a la desesperada dejando cada vez más huecos atrás. La goleada pudo ser aún más escandalosa. El Atleti se colocaba solamente a un punto (en aquellos años las victorias valían 2 puntos) con toda la Liga por delante.

Lamentablemente, el equipo se fue desinflando a lo largo de la temporada y las habituales salidas de tono de Gil contra jugadores y entrenador terminaron por desintegrar un grandísimo equipo a final de temporada, el cual de haberse mantenido en su base y con la paciencia que la ocasión requería y que el “ostentóreo” presidente no tenía, podría haber plantado cara de verdad al Real Madrid de aquellos años. No obstante, en el recuerdo siempre quedará una de las mayores exhibiciones futbolísticas que se recuerdan en el Santiago Bernabéu por parte de un equipo visitante, incluso 30 años después…

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